50 sombras de Grey E. L. James

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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Mar Jul 28, 2015 9:00 pm

capítulo 15


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Nos sentamos mirándonos el uno al otro como idiotas.

—Encuentro totalmente irresistible y fascinante tu falta de personalidad —dice por fin.
—Y yo encuentro totalmente irresistible y fascinante tu falta de simpatía.

Dios mío. El sentimiento, por llamarlo de alguna manera, es mutuo.

—Supe que tú y la señorita Kavanagh se mudarán a Seattle.
—¿Cómo lo supiste?

No contesta, sólo sonríe de manera muy perversa.

—Estarás más cerca de mí. ¿Qué harás después de graduarte? ¿Has enviado una aplicación para trabajar en mi compañía?
—Umm... no. ¿Qué tiene que ver tu compañía con la liter...?
—¿Acaso no te gusta mi compañía?

Y además es ingenioso.

—Termina tu desayuno.
—Gracias, pero no doy más.
—Come. Anastasia, tengo un problema con la comida desperdiciada, come...
—Necesito líquidos, estoy deshidratada. La resaca, ya sabes...
—Come lo que está en tu plato, Anastasia.
—No puedo comer todo esto.
—Maldita sea, ¡come!

Frunzo el ceño mientras trago mi comida de mala gana. Por Dios, es tan irresistible cuando se pone agresivo y autoritario...

—¿Dónde dormiste anoche?
—En mi cama.
—Oh.
—Sí, fue toda una novedad para mí también.
—¿No tener... sexo?

Qué rara se siente esa palabra en mi boca.

—No, dormir con alguien.
—Pero si no tuvimos sexo.
—Me refiero a literalmente dormir con alguien.
—Pero si tampoco dormiste conmigo. Yo estaba inconsciente.

Christian cierra los ojos como quien ha oído la estupidez más grande del mundo. Toma el periódico y me ignora durante largos minutos. Cuando termina, le envía cierta información privilegiada a su corredor de bolsa y me mira.

Muerdo mi labio.

—Me gustaría morder ese labio —susurra en un tono siniestro.
—¿Por qué no lo haces?
—Porque no voy a tocarte hasta tener tu consentimiento escrito, Anastasia.

¿Qué?

—¿Mi "consentimiento escrito"? ¿Qué significa eso? ¿Desde cuándo me respetas?
—Lo discutiremos más tarde. ¿A qué hora sales del trabajo?

Mierda, mi trabajo. Casi lo había olvidado. Pongo los ojos en blanco.

—A las 8.
—Bien. Cenaremos en Seattle esta noche.

Saca su BlackBerry gris y marca un número muy rápido.

—Taylor, necesitaré a Charlie Tango esta noche. A las 8 y media. Sí, pilotearé toda la noche de Portland a Seattle.

Y cuelga. Nada de "por favor" o "gracias".

—¿Tú piloteas?
—Sí. Sé hacer muchas cosas según lo requiera la situación, como Superman.
—¿La gente siempre hace lo que le dices?
—Si quieren conservar sus empleos, sí.
—¿Y si no trabajan para ti?
—Créeme, puedo ser muy... persuasivo —dice con una risa malvada.

Lo miro alucinada. ¿Cómo pasamos del café a un vuelo a Seattle con el capitán Grey en apenas dos citas? Si se le puede llamar "cita" a mi secuestro, claro.

—Te recogeré en Clayton's a las 8 en punto y te llevaré en helicóptero a Seattle.
—¿Helicóptero?
—Charlie Tango.
—Oh. Pensé que era un amigo argentino o algo así.
—No tengo amigos.
—Vaya. Me pregunto por qué.
—¿Quieres terminar tu puto desayuno de una vez?

Iré en helicóptero a Seattle con Christian Grey. Y él quiere morder mi labio.
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Mar Jul 28, 2015 9:06 pm

Capítulo 16

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—¿Lista para irnos? Te acompaño al ascensor.
—Espera, mis pantalo...

Me toma de un brazo y me lleva al pasillo. Lo miro de reojo y veo que ya está vestido con su clásico traje gris. ¿Pero cómo? ¡Si apenas hace un momento estaba tan semidesnudo como yo! Las puertas del elevador se abren y entramos. Estamos solos. Muerdo mi labio.

—A la mierda el papeleo —dice, y se abalanza sobre mí empujándome contra la pared.

Me toma por la cintura y con su otra mano me obliga a abrir la boca. Él también abre la suya e introduce su lengua hasta mis amígdalas. ¡Mierda! Yo jadeo pero no logro recuperar el aliento ya que su boca está succionando mi tráquea. No sé que hacer, nunca había besado a un hombre antes. Estoy completamente sometida. Me tira del cabello arrancándome un mechón y halando mi cabeza hacia atrás casi hasta desnucarme. ¡Mierda santa!

En ese momento se abre de nuevo la puerta y entran tres hombres en traje de negocios.

—Ejeje... no se detengan. Por favor, continúen... —dice uno de ellos con cara de pervertido.

Me suelta. Yo estoy color carmesí. Mi corazón late a mil por minuto. Unos segundos después los tres hombres se bajan, decepcionados, en el segundo piso.

—No te cepillaste los dientes —me dice Grey con cara de asco.
—Iba a usar tu cepillo pero me dio cosa.
—Oh, Anastasia, ¿qué voy a hacer contigo?

Muerdo mi labio. Oh, Dios. Eso ha sido...

—¿Qué es lo que tienen los ascensores?
—¿Qué quieres decir?
—No lo sé...

Subo a su limusina de 30 metros sin hacer el menor comentario sobre lo que pasó en el elevador. Creo que aún puedo sentir su saliva viscosa bajando por mi garganta.

Pone el MP3 de su BlackBerry a todo volumen. Un gordo canta como si le estuvieran introduciendo un hierro al rojo vivo por el recto. Ópera.

—¿Te gusta?
—Es... maravilloso, Christian...

¡Ugh, mi cabeza! Juro que no volveré a tomar en mi vida, ni en la próxima.

—Lo es, ¿no? El gran Ferruccio Tagliavini. Es el aria "Pourquoi me réveiller?" de la ópera Werther, de Massenet, compuesta en 1887, con libreto de Édouard Blau, Paul Milliet y Henri Grémont, basada en Die Leiden des jungen Werthers de Goethe. Pero supongo que eso ya lo sabías.

—Este... sí, claro, ¿y quién no?
—Vaya, parece que por fin tenemos algo en común.
—¿Te gusta la música clásica, Christian?
—En este teléfono tengo una carpeta de música más amplia que Spotify y aTunes juntos. Mis gustos son eclécticos. De Thomas Tallis a Muse.
—¡Me encanta Muse! Y creo que uno de mis padrastros fue a un concierto de Tallis cuando era joven.
—¿Así que tu padrastro tiene 500 años de edad? Interesante.
—Ehh... no, seguramente fue otro Tallis. Su hijo, quizá... —me muerdo el labio, avergonzada.

Por suerte para mí, Christian cambia a "Supermassive Black Hole", justo cuando el gordo parece estar a punto de estallar en llanto. Oh, baby, don't you know I suffer? Oh, baby, can you hear me moan?

Una llamada interrumpe la canción.

—Grey. Sí. Sí. ¡No! Bien, ¿algo más?

Y cuelga. Es tan brusco. Ningún "adiós" o "gracias". Espero que no esté considerado seriamente lo de ofrecerme trabajo en su compañía. No soportaría ser maltratada por Christian Grey.

Vuelve la música. Pasan 5 segundos. Otra llamada.

—Grey. No. No. ¡Sí! Bien, eso es todo.

La música se corta nuevamente por el teléfono y aún no llegamos ni al coro.

—Grey.
—"Grey"... ¡Hey, Christian, hermanito! ¡Soy yo! ¿Tuviste sexo anoche?

Es Elliot. Dios santo.

—Elliot, tengo puesto el altoparlante y no estoy solo.
—¿Con quién estás?
—Estoy con Anastasia Steele. Voy camino a dejarla a su casa.
—Ohhh, entonces sí que tuviste sexo anoche, campeón. ¿Es la nueva? Kate me ha contado mucho sobre ella. Dice que es virgen, así que me imagino cómo te...

Grey corta la llamada. No sé si está enojado o sorprendido. O ambos.

—¿Virgen? ¿Eres virgen, Anastasia? ¿Por qué mierda no me lo dijiste?

No me animo a responder. Estoy tan avergonzada... Dios, mío. Me siento como una niña fingiendo que sabe fumar para impresionar a sus amigos universitarios.

—Oh, Anastasia, ¡cómo te destrozaría el himen a vergazos ahora mismo!

No lo puedo creer. ¡Eso es lo más... romántico que un hombre me ha dicho jamás!

—Pero lo que pasó en el ascensor no volverá a pasar de nuevo, hasta que no me des tu autorización por escrito. ¿Entiendes? Es muy importante que me la des por escrito.
—¿Tienes lápiz y papel?
—Así no funcionan las cosas, Anastasia.
—Podemos usar mi sangre en lugar de un lápiz...

Frunzo el ceño pero él me ignora. Hemos llegado al apartamento. Abre la puerta de la limo para que me baje.

—Recuerda, esta noche negociaremos nuestro... contrato.

¿Un contrato para follar? ¿De qué siglo salió este hombre? ¿Sería virgen también, o religioso? ¿Uno de esos caballeros medievales como Heath Ledger u Orlando Bloom? Ahora me doy cuenta que él nunca me preguntó dónde vivo, pero de alguna manera ya lo sabía. Por eso supo dónde enviar los libros. Me hace sentir tan tranquila el hecho de que un hombre así puede rastrear mi celular y tiene acceso a un helicóptero privado...
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 9:41 am

Capítulo 17

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Logro convencer a Christian de que me acompañe a la puerta del apartamento justo a tiempo para sorprender a Elliot dándole a Kate como bombo apache en pleno comedor. ¡Oh, por Dios! ¡Pero qué zorra, si apenas lo conoce!

—¡Heyyy, Sr. Grey, señorita Steele! —dice Elliot cubriéndose abajo con uno de los libros que me regaló Christian.

Jamás volveré a leer Eclipse.

Reconozco en Elliot al sujeto con el que Kate estaba "conversando" anoche en el bar cuando salí del baño. Ahora que lo veo bien, noto que es casi igual de alto, musculoso y rubio que Christian, pero obviamente no es ni la mitad de guapo. Lo único que delata su origen como hijo adoptivo son sus ojos, azules. Tiene un aire a Ryan de Brothers & Sisters, con la personalidad de un mal imitador de Matthew McConaughey.

Kate se viste rápidamente al ver que estoy acompañada ni más ni menos que de Christian Grey. A pesar de la vergüenza, lleva en su rostro una sonrisa ridícula muy poco... Kate-esca (¿está bien dicho?), y a pesar de las ojeras provocadas por la falta de sueño, el alcohol y el sexo desenfrenado con un desconocido, luce muy atractiva.

—¡Hola, Ana! —me saluda Kate, pero aún bajo su sonrisa sé que no está nada contenta de verme con Christian.

Pero, ¿por qué? Me mira como si tuviera el síndrome de Estocolmo o algo así. Christian tampoco está muy contento de ver a Kate.

—Señorita Kavanagh.
—Christian, viejo, se llama Kate —repone Elliot, mientras le da una nalgada a Kate y enciende un cigarrillo con un aroma bastante herbal y penetrante.
—Kate —corrige con falsa amabilidad.

Noto que se le hincha una vena en la frente.

—¡Hola, Ana! —me saluda Elliot con una sonrisa mientras se viste. Sus ojos azules brillan bajo el adormecimiento provocado por el extraño cigarrillo que fuma.
—Hola, Elliot —le sonrío, mientras muerdo mi labio.

Christian se ve molesto, casi como si no quisiera que hablara con otras personas.

—Elliot, vámonos —ordena Christian, dando media vuelta de regreso a la limo.
—Seguro, viejo.

Elliot toma a Kate de la cintura y le da el beso más húmedo y apasionado que he visto en mi vida, metiéndole la lengua incluso en la nariz.

—Laters, baby —le dice a Kate, guiñando el ojo y sonriendo. El brillo de sus dientes me ciega por un momento.
—¡Elliot!

Cuando por fin se van, Kate se queda pegada a la ventana, llenándola de vaho, viendo cómo se aleja la limusina gris más cargada de testosterona de la historia.

—Oh... por... Dios. ¡Ana! —chilla, aplaudiendo y saltando como una niña pequeña.
—No quiero escucharlo, Kate. Debo arreglarme para trabajar —digo, y me encierro en mi cuarto dando un portazo.

Maldita Kate. ¿Por qué ella sí se pudo acostar con un Grey? Bueno, sí, yo también me acosté con uno, pero no tuvimos sexo. Ardo en envidia, pero soy demasiado orgullosa para... no, la verdad es que no soy orgullosa. Ni siquiera tengo personalidad. Pero aún así, jamás le diría a Kate que no pasó nada entre Christian y yo más allá de una violación bucal con su lengua. Esa perra. Sólo porque es más hermosa, sexy, simpática e interesante que yo.

Te recogeré en Clayton's a las 8 en punto y te llevaré en helicóptero a Seattle. Las palabras de Christian resuenan en el hueco vacío de mi cabeza. Son muchas emociones a la vez, considerando lo ridículamente aburrida que había sido mi vida hasta ahora. ¡Mierda ultraputísima! ¡Firmaré un contrato con Christian Grey!

Te recogeré en Clayton's a las 8 en punto.
Te recogeré en Clayton's.
Te recogeré.
Te cogeré.

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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 9:48 am


Capítulo 18

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Clayton's. Día sábado, la pesadilla de todo trab... Vaya, tengo una especie de déjà vu.

El día se ha prolongado demasiado, a pesar de que he estado ocupada durante horas engrasando los martillos tal y como la señora Clayton me lo ordenó. Miro el reloj y compruebo que son las 7:12. Hace un momento eran las 7:35.

Estoy tan emocionada por lo de Christian que he decidido depilarme las piernas y las axilas por primera vez en mi vida. Él mencionó algo de un contrato, pero no estoy segura si hablaba en serio o sólo estaba jugando, con lo bromista que es. Apenas puedo controlar los nervios. ¡Hoy es la noche! Mi Diosa Interior mira su reloj impaciente, mientras cruza los brazos y golpea el piso con su pequeño pie. Se muere de ganas tanto como yo. Pongo los ojos en blanco.

Salgo de la tienda exactamente a las 8:01 y lo primero que siento es que alguien respira sobre mi nuca.

—Te dije a las 8 en punto. ¿Qué estabas haciendo?

Sin darme tiempo de decir nada, me toma del brazo y me empuja dentro de su limusina. Ni siquiera he podido terminar de limpiarme la grasa de las manos.

—¿Cómo estuvo el trabajo? ¿Te divertiste con el tal Paul?
—¿Por qué dices eso? Ya te dije que sólo somos amigos. Pues... la verdad fue un día largo y agotador —digo, frunciendo el ceño.
—Ajá. Sí, también fue un día largo y agotador para mí.
—¿Qué hiciste?
—Fui a escalar con Elliot.

La estresante vida del hombre de negocios norteamericano.

Llegamos al helipuerto. Allí se encuentra estacionado Charlie Tango, un helicóptero gris con el nombre Grey's Multinational Corporate Enterprises Holdings, Inc., Co. escrito en letras también grises.

—Sube. Siéntate y no toques nada —me ordena.

Hago lo que me dice. Luego ordena que me ponga el cinturón y los auriculares. Muerdo mi labio por la impaciencia. Nunca había subido a un helicóptero en mi vida.

—Asegurada. Ahora no tienes escapatoria.
—Esta es la primera vez que vuelo.
—Tranquila. Soy piloto calificado desde hace cuatro años y tengo mucha experiencia. Estarás segura conmigo. Al menos mientras estemos en el aire...
—¿Hay algo que no sepas hacer?
—Mmm... No. Soy perfecto.
—¿Haces esto con todas las mujeres que quieres impresionar? "Ven, nena, te mostraré mi helicóptero"...
—No, también es mi primera vez —dice con acento casi arjonesco. Claro, si Arjona fuera un abusador de mujeres.

Se acomoda en el asiento del piloto. Empieza a realizar el procedimiento de rutina, moviendo interruptores y oprimiendo botones de colores y cosas así.

—OK, torre. PDX. Este es Charlie Tango, Golf Romeo Echo Yankee. Foxtrot Uniform Charlie Kilo Yankee Oscar Uniform libre para despegar. Confirme, cambio.
—Bah, usted no tiene que pedir permiso para despegar, Sr. Grey. ¡Adelante! —dice una voz por el radio.

El helicóptero despega lentamente y dejamos Portland varios metros más abajo. Los autos parecen hormigas, si las hormigas tuvieran luces y ruedas en lugar de patas. ¡Wow! Una vez que abandonamos el área iluminada por las luces de la ciudad, todo se ve tan negro como la conciencia de un abogado. ¿Cómo puede Christian ver por dónde vamos?

—¿Cómo sabes que este es el camino correcto?
—Sólo lo sé.

Todo se aclara de nuevo. Estamos llegando a Seattle tan rápido como dejamos Portland.

—¿Ves la terraza de aquel rascacielos? Allí es donde aterrizaremos.

No estoy pendiente del paisaje. Me empapo en su rostro. Tiene un perfil hermoso. La nariz recta, la mandíbula cuadrada. No se ha afeitado y su barba de vagabundo alcohólico hace que se vea más tentador. Mmm... me gustaría pasar mi lengua por toda su mandíbula y sentir la aspereza de esa barba y las células muertas de sus mejillas...

—Sujétate —dice, interrumpiendo mi sueño erótico.

Descendemos poco a poco hasta que aterrizamos sin problemas sobre el rascacielos. Christian apaga el motor, se desabrocha el cinturón y baja, pero vuelve a subir para desabrochar el mío también.

—Nos veremos en mi apartamento. Es en aquel edificio de enfrente —dice señalando una torre gris con una "G" en la punta.
—¿Qué? ¡Pensé que este era tu apartamento!
—No. Sólo lo uso como pista de aterrizaje. Bueno, nos vemos. No te tardes.
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 9:53 am

Capítulo 19


Llego jadeando, por fin, al último piso del edificio de apartamentos donde me espera mi amado Christian Grey. Antes que golpee la puerta, ésta se abre y una mano me arrastra hacia adentro. Es Christian. Estamos en un vestíbulo gris. En el centro hay una mesa gris con flores grises. Más allá hay un pasillo gris que conduce a otra habitación, gris. Dios mío. "Enorme" es una palabra demasiado pequeña para esto.

—¿Quieres algo de beber?

¡Ugh! La última vez que bebí estuve a punto de ser besada por un mojado. Pero no tengo valor para rechazar su oferta.

—Voy a beber un poco de vino blanco. ¿Quieres acompañarme?
—Sí, por favor.
—¿Pouilly Fumé está bien?
—Este... claro, es mi favorito —digo, frunciendo el ceño.

Abre una enorme cava y saca una botella que dice "1756". Me sirve su contenido en una copa de cristal que vibra al acercar los labios.

—Toma. ¿Tienes hambre?

¡No otra vez con la comida! Niego con la cabeza. En eso, noto que un elegante piano gris de cola adorna el vestíbulo.

—¿Tocas?
—Sí.
—¿Bien?
—Soy el mejor intérprete contemporáneo de Schubert, Brahms y Liszt en toda la Costa Oeste. Me lo dijo una vez el director de la Academia Juillard, con lágrimas en sus ojos.
—Oh.
—Bébete toda la copa.

Obedezco. Apuro mis sorbos y siento el alcohol quemando mi garganta. Veo estrellas y empiezo a perder un poco el equilibrio. Estoy entonada. Muerdo mi labio.

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—Ana, deja de morderte el labio. Es muy distractor. Dame un segundo.

Desaparece por una puerta y en exactamente un segundo vuelve a aparecer con un documento en la mano.

—Bien. Basta de estupideces. Estamos aquí para firmar un contrato. Eso es lo que el lector quiere y eso es lo que haremos.
—¿Qué es eso?
—Es un acuerdo de confidencialidad. Mi abogado insiste en ello. Por si terminas inválida o algo peor.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Lo sabrás en su momento. Firma.
—¿Y si no quiero firmar?
—Entonces digamos que el muro de Berlín que tienes entre las piernas seguirá en pie.
—Está bien, firmaré.
—¿No vas a leer primero?
—Nah, estoy ebria y veo todo borroso.

Me da una pluma. Firmo donde dice "He leído y acepto los términos y condiciones de uso".

—Anastasia, siempre deberías leer lo que firmas. Especialmente con tipos como yo.
—Christian, no hablaría de ti ni con Kate. Claro, le he contado todo lo nuestro hasta ahora pero las cosas serán distintas a partir de este momento. Después de todo, tan sólo perderé la virginidad con el hombre más rico, poderoso y guapo de Seattle. No es algo como para gritarlo a los cuatro vientos, ¿o sí? Confía en mí.
—Punto bien planteado, señorita Steele.

Le devuelvo el documento ya firmado.

—¿Significa que ahora por fin haremos el amor? —pregunto, mordiendo mi labio.
—Yo no... "hago el amor". Yo follo. Duro. No. Todavía debes firmar otros papeles. Además aún no tienes ni idea de lo que te espera.

Yo follo. Duro. ¡Triple mierda!

—Ven, quiero mostrarte mi... sala de juegos.

Me lleva de la mano al pasillo. Mueve un libro de la pequeña biblioteca que lo adorna y la pared se abre. Hay una puerta de titanio con un tablero. Christian introduce un código de 10 dígitos. Se abre otra puerta con analizador de retina. Pone su ojo izquierdo y, al terminar de leerlo, la compuerta se abre, mostrando otro pasillo casi interminable. Giramos a la derecha. Luego a la izquierda. Subimos. Bajamos. Finalmente, llegamos a una puerta blanca. Muerdo mi labio.

—Puedes irte en cualquier momento. El helicóptero está listo para llevarte cuando quieras irte, puedes pasar la noche aquí y volver a tu casa por la mañana. Lo que decidas está bien.
—Sólo abre la puta puerta, Christian.
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 10:06 am


Capítulo 20


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Estoy estupefacta.

—Y eso que aún no has visto mi cuarto de torturas.
—¿Torturas?
—Claro. Soy sadomasoquista.
—¿Qué? ¿Qué es eso?
—Significa que me gusta golpear mujeres por placer.
—¿Como Chris Brown?

Tiene sentido, ambos se llaman "Chris" y tienen apellidos de colores en inglés.
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—No, no lo entiendes porque eres virgen, así que empezaremos por rectificar primero esa situación.
—Pero dijiste que aún debo firmar otros pap-

Me interrumpe con un beso que me deja fuera de guardia de inmediato. Se arranca el traje completo, zapatos incluidos, de un solo tirón. Me arroja violentamente a la cama. ¡Mierda! Mi Diosa Interior está bailando merengue con algunos pasos de salsa, mientras el inconmensurable miembro motumbesco de Christian me embiste, desgarrándome, haciendo mil pedazos mi virginidad. ¡Mierda excrementicia! Grito como cerdo en el matadero, atragantándome con la punta de su verga, que entra por mi cosa de abajo y sale por mi boca cada vez que gimo o jadeo. ¡Es tan bueno el jodido que casi le puedo perdonar que tenga un espejo de motel barato en el techo sobre la cama!

Caigo al suelo retorciéndome de placer después de mi decimoséptimo orgasmo. ¡Santo Moisés! Él se pone de pie, vestido con su traje gris.

—Levántante, debes firmar el último documento.
—¿Pa-para qué, si ya tuvimos sexo?
—Sí, pero esto no cuenta. Demasiado normal para mi gusto. Levántate.

Estamos de vuelta en la mesa de negociaciones. Está llena de quesos azules, por alguna razón.

—¿Por qué cada uno es como es? Es muy difícil saberlo. ¿Por qué a unos les gusta el queso y otros lo odian? ¿Te gusta el queso? Come tu queso.
—Realmente no tengo hambre.
—Comerás. ¿Más vino?
—S-sí, por f...

Antes de poder terminar la frase ya tengo la copa llena otra vez. Santa mierda, ¿qué ha sido todo eso? ¿Estoy soñando o sólo soy la protagonista de un fanfic glorificado?

—Bien. No quiero abrumarte con detalles. Básicamente este contrato me autoriza a golpearte, darte órdenes, obligarte a seguir una serie de reglas arbitrarias y castigarte físicamente si no sigues alguna de dichas reglas. Y será doloroso.
—¿Hay mujeres que aceptan este tipo de "tratos"?
—Te sorprendería la cantidad de mujeres que fantasean con estar en tu situación.
—¿Cuántas?
—15.
—¿Heriste alguna?
—Sí.
—¿Gravemente?
—Oh, sí.
—¿Y por qué yo?
—Es una buena pregunta.
—¿Cuáles son las reglas?
—Deberás comer lo que te ordene comer y seguir un riguroso programa de ejercicios para que no engordes como vaca con tanta comida. Deberás usar sólo la ropa que te ordene usar, vestidos, nada de jeans ni esos trajes de profesora de lenguaje que tanto te gustan. No beberás, ni fumarás, ni te drogarás. Te depilarás. No te acostarás con nadie más que conmigo. No matarás. No darás falso testimonio. Honrarás a tu Amo y Dominante. Me llamarás "Sr. Grey" y nunca me mirarás a los ojos. ¿Entendido?
—Sí.

Se levanta y me da un latigazo en la mano.

—¡Ayyy!
—¡"Sí, Sr. Grey"!
—¡Oye, aún no he firmado ningún puto contrato!
—Lo sé, sólo te estaba probando. Come.
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 10:14 am

Capítulo 21


¿Depilarme? Uff... Todavía me arden las piernas.

—¿Qué ganaré si firmo este contrato, aparte de un par de hematomas?
—A mí —responde con humildad.
—¿Puedo poner mis... límites?
—Por supuesto. Te regalo esta Mac® para que busques sobre el tema y te informes mejor.
—¿Una MacBook®? ¡Nunca había tenido una computadora en mi vida!
—¿Qué? ¿Y cómo lo hiciste con la Universidad?
—Haciendo trampa —digo, mordiendo mi labio.
—Aquí tienes una hoja. Cuando termines, quiero que escribas una lista de tus límites. Sólo procura que no sean demasiados o te perderás toda la diversión.

Frunzo el ceño y empiezo mi investigación.

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Veamos. "Sadomasoquismo"...
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El sadomasoquismo (de ¡zas!, ruido de látigo, y ¡más!, grito del que recibe el latigazo) es una divertida variante de las relaciones sexuales practicada por gente aburrida de la posición del misionero (la única postura aceptada por la Iglesia Católica), en la que un miembro goza haciendo sufrir al otro miembro que goza sufriendo. La persona que se lo pasa bien haciendo sufrir es llamada sádica, mientras que el sufridor es llamado masoquista.


Umm... okey. A ver, qué más... "Tortura de senos"... ¡Ugh! Eso no suena bien.

"Caning"...

Oh, Dios. "Lluvia dorada"... ¡Oh, por Dios! "Lluvia marrón"... ¡Oh, Dios mío!

—¡No pienso cagar sobre tu pecho, Christian Grey!

Después de definir mis límites (que básicamente excluían el fuego, los hierros candentes, los piercings en el clítoris, la mierda, la orina, el vómito, los animales, los niños y pisar legos descalza), finalmente considero tomar en serio la oferta. Estoy por firmar un contrato que me convierte, de forma oficial, en la esclava... perdón, en la "Sumisa", de Christian Gre... perdón, del Sr. Grey. Y pensar que hasta hace unas horas era virgen. ¡Ni Belladonna, oiga!

—Ahora, hay algo que no entiendo. No eres gorda, ni estás desfigurada, ni tienes dientes en la vagina. ¿Por qué no habías perdido la virginidad antes? —pregunta, aproximándose a mí. Trato de evitar hacer contacto visual.
—N-no lo sé, Sr. Grey.
—¿Nunca has tenido novio? ¿Nunca te habían besado? —dice, poniéndose detrás mío.
—N-no, Sr. Grey.
—¿Por qué? Dime —pregunta, mientras me venda los ojos.
—Supongo que nadie había estado realmente a la altura de mis expectativas... Sr. Grey.
—¿Me estás tratando de decir que una chica sin personalidad, de pocos amigos, sin tema de conversación, no demasiado atractiva, torpe para caminar y que no sabe vestirse, esperó 21 años para perder la virginidad con... bueno, con el hombre más perfecto que ha pisado la Tierra? —oigo el sonido de una fusta cortando el aire con sus movimientos.
—S-sí, Sr. Grey —jadeo y muerdo mi labio.
—¿Qué fue eso de "nadie ha estado realmente a la altura de mis expectativas"? ¿A tu altura? ¿Te estás comparando conmigo, mujer? —dice, pasando la fusta por mi muslo.
—S-s-sí... Sr... Grey...
—Ya veo. ¿Sabes qué? Estoy cansado y me duele la cabeza. Te mostraré tu habitación.


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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 10:19 am

Capítulo 22

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—Aquí dormirás de ahora en adelante.

La habitación es minúscula comparada con el resto de la casa. En la cama apenas entro yo, y sólo si duermo de costado.

—¿Y... usted dónde dormirá esta noche, Sr. Grey? —pregunto con un dejo de decepción.
—En mi cuarto, obviamente. Te dije que no duermo con nadie. Excepto con él.

Me muestra su osito de peluche.

Trato de dormir, pero mil imágenes pasan por mi mente, como una película porno pretenciosa. Ojos grises y penes. Muchos penes. Oigo música, una melodía muy triste en piano. Suena como Bach. Me incorporo para comprobar que no es mi imaginación. Me levanto de la cama, salgo de mi celda y veo a Christian tocando el piano del vestíbulo, completamente desnudo. De hecho, no está usando las manos para tocar.

—Es bellísimo. ¿Bach? —pregunto, interrumpiéndolo.
—No. Elton John. ¿No deberías estar en la cama?
—No puedo dormir si no está conmigo, Sr. Grey. La melodía es hermosa, pero algo triste.
—Cama —ordena.
—¿Desde qué edad toca? Toca usted maravi-
—¡Cama!

Vuelvo resignada a mi cama manchada de sangre, evidencia muda de que Christian Grey estuvo dentro de mí.

O sea, no él, pero sí su pene.

En mi vagina.

Cuando por fin me estoy quedando dormida, escucho que la puerta se abre violentamente.

—¿Recuerdas cuando dije que si fueras mía no te podrías sentar en una semana?

Tiene un tubo de vaselina en la mano.

Un momento... ¿Qué está...? Ohhhh.... ¡Ayyyy, reputas! ¡No sabía que también se podía follar por... ahí!

Adiós, esfínteres.

La luz llena la habitación a la mañana siguiente. Me asombro al ver que Christian Grey duerme plácidamente a mi lado. Dios, ¿cómo alguien puede verse tan bien durmiendo? Yo parezco un zombie. Su hermoso rostro parece más joven y relajado en el sueño. Sus esculpidos labios carnosos están separados un poco, dejando entrever sus blancos dientes, y su cabello brillante y claro es un desastre glorioso. Podría quedarme como boba observándolo toda la mañana, pero tengo cosas que atender en privado. Efectos secundarios de la porculación de anoche.

Estoy en el trono del rey del mundo, contemplando los azulejos. ¡Ayy, creo que tengo hemorroides!

De repente oigo la voz de Christian en un altavoz en el baño, oculto tras un querubín de bronce. Momento: ¿Un altavoz?

—¡Anastasia! No recuerdo haberte dado permiso para saciar tus necesidades fisiológicas. ¡Vuelve a la cama ahora o yo mismo iré a buscarte!
—Pero...
—¡Se acabó! ¡Dime en cuál de mis 300 baños con plomería de oro y muebles de mármol te encuentras en este momento!
—Un s-segundo...

Tomo el rollo de papel higiénico, pero en ese preciso instante llega él, derribando la puerta a golpes. ¡Por Dios, qué sexy se ve con esa mirada de odio!

Sin darme tiempo siquiera de limpiarme, me toma en sus enormes brazos tipo Arnold Schwarzecomoseescriba y me lleva por el pasillo, no precisamente de vuelta a la cama.

—Me desobedeciste. Por ello, serás castigada brutalmente.
—Me duele el trasero, Sr. Grey. ¿No podríamos posponer los azotes y jugar X-Box o algo así? ¡Me dejaré perder si usted lo desea!
—¡Calla, mujer!

Abre una puerta con llave y me deja caer adentro. Oh... por... Dios...

—Bienvenida al Cuarto Rojo del Dolor.

Mierda.
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