50 sombras de Grey E. L. James

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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 1:13 pm

Capítulo 47


28861149_dinner.jpg

Suaves labios rozan mi oreja y mi sien. Me duele la cabeza. Todo se mueve, pero no soy sólo yo.

—Hueles tan divino como siempre, Anastasia —dice Christian hundiendo su nariz en mi cabello.

¿Dónde estoy ahora? Parece el interior de una limusina. Mi mente tarda en reaccionar.

—Despierta, dormilona. Estamos llegando a casa de mis padres.

¿Los padres de Christian?

—No vuelvas a perder el conocimiento o estarás en problemas —amenaza.

Abro mis ojos lentamente. Estoy en la limusina de Christian mientras Taylor conduce.

Me duele todo el cuerpo pero de repente me pongo nerviosa. ¡Santo cielo, voy a conocer a sus padres!

—¿Tus p... tus padres, Christian?
—Sí. Era lo menos que podía hacer después de noquearte. Taylor te compró un buen vestido para que te veas presentable.

Es realmente hermoso. Para ser un tipo tan recio, Taylor tiene un buen ojo para escoger vestidos, pero... ¿dónde está mi ropa interior? Mi Diosa Interior se sonroja y yo también.

—¿Buscas esto? —pregunta burlonamente mientras arroja mis bragas por la ventana de la limo.

Oh, por Dios. Lo ha hecho a propósito, estoy segura.

Son casi las 8 cuando llegamos a la entrada de una mansión estilo colonial. Es impresionante.

—¿Estás lista para esto?
—Yo...
—Es mi primera vez también, Anastasia. Apuesto a que desearías estar usando tu ropa interior ahora.

Me sonrojo. Entramos y comienzo a temblar. Jadeo. Mi cosa de abajo se congela y mi sangre se hace más y más espesa. Realmente no quiero estar aquí. Frunzo el ceño.

La Dra. Grace Trevelyan-Grey está en los escalones de la puerta, esperándonos con un martini en la mano. Luce elegantemente sofisticada con un sofisticadamente elegante vestido de seda azul claro. Detrás de ella, está de pie el papá de Christian, alto, rubio y guapo a su manera.

Christian procede a presentarme a la tribu Cullen Grey:
—Anastasia, él es mi padre, Carlisle Carrick.
—Un placer, Sr. Grey —saludo, mordiendo mi labio.
—Por favor, llámame Sr. Carrick Grey —sonríe con sus encantadores ojos azules.


—Esta es mi hermana menor, Alice Mia —dice con irritación.
—¡Anastasia! ¡He oído tanto sobre ti! ¡Vi tu película! ¡Oh, por Dios, fue tan triste cuando los bolcheviques asesinaron a tu familia! —dice, abrazándome y llorando.
—¡Mia, cálmate! No es esa Anastasia.

De repente deja de llorar.

—Oh... lo siento, Ana. Es que Christian nunca trae novias a casa. Ya pensábamos que bateaba con la zurda, pero tú sabrás mejor que nadie que no es así, ¿eh? ¿eh? —me dice guiñándome el ojo y dándome codazos.

Me ruborizo.

—Y ya conoces a Emmett Elliot.
—¡Hey, Ana! —me saluda, abrazándome.
—Hola, Elliot.

Es tan agradable ver una cara conocida que...

Noto que ha venido con Kate. Oh, mierda. Esto no podría ser más incómodo.

—Ana, ¿por qué no traes puesta ropa interior? —pregunta Mia.
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 1:17 pm

Capítulo 48


—¿Sabían que esta especie de caribú que estamos cenando está extinta? Bueno, o al menos ahora sí lo está —dice el padre de Christian.

Todos ríen excepto Christian. Muerdo mi labio.

De repente, pone su mano en mi rodilla. Luego la desliza por mi muslo, subiendo hasta mi "cosa de abajo".

Doy un respingo. Mierda.

—Christian... aquí no, por favor... —susurro.
—Calla —ordena. Su mandíbula se tensa.
—¡Debo ir al baño! —anuncio.

Me levanto de la mesa, pero Christian me sigue.

—Te acompaño.

¿Cómo te atreves a no dejarte tocar en tus partes íntimas por un multimillonario machista mientras estás en la mesa con su familia? me reprende mi Diosa Interior. Quizás tenga razón, pero no me siento cómoda.

Salgo al jardín. Debo escapar, de alguna manera. Necesito tiempo para mí.

—¿Qué mierda crees que haces, Anastasia?
—Necesito tiempo, Christian. Iré a Georgia a visitar a mi madre por un par de días. No la he visto hace tiempo, además necesito pensar y...
—¿Georgia? ¿Me estás desafiando, Anastasia? No me obligues a azotarte y follarte aquí mismo.
—Yo no quería venir a cenar con tu familia. ¿Por qué no puedo visitar a mi propia madre?
—Porque te lo prohíbo. No me provoques, Anastasia. Eres mía —amenaza empuñando su mano.
—Adiós, Christian. Te veré el viernes cuando vuelva.

Le hago señas a un taxi y le suplico al conductor que me lleve de vuelta a casa. No, mejor al aeropuerto. Mi 50 Sombras corre detrás del taxi, pero desiste a los pocos kilómetros. ¿Qué estoy haciendo?

Apenas bajo del avión, escribo un mensaje de texto a Ray, Kate y Christian:

Llege sana y salva a sábana.Ana Flipao

Siempre olvido lo jodidamente caluroso que es Savannah, Georgia. La mirada inquisitiva de mi madre no lo hace más llevadero. Estamos sentadas en la mesa de un restaurante al aire libre frente a la playa, tomando sol y Cosmopolitans.

—Francamente no sé qué hacer, mamá —digo sollozando cuando termino de contarle mi historia con Christian, omitiendo el sexo y la violencia verbal y física. Sólo me tomó 10 segundos.
—Cariño, los hombres no son complicados. Son criaturas muy simples, literales. Generalmente quieren decir lo que dicen, no como nosotras. Además tu novio es guapo y rico, ¿de qué te quejas?
—Oh, mamá... si supieras...

Abro mi MacBook® y veo que tengo un nuevo correo de Christian. Lo leeré más tarde. Ahora no. El calor, los mosquitos y mi madre no me dejarán pensar con...

—Hola, señora Adams. Es un placer conocerla.

Christian. Está aquí. Doble, triple, cuádruple, múltiple mierda.

¿Y cómo sabe el nombre de mi madre?

—¿Christian Grey? ¡Oh, qué casualidad, justamente Ana y yo estábamos hablando de ti! ¿Verdad, cariño?
—...
—Ya lo creo que sí.

Estoy paralizada. Se acerca lentamente a mí y deja la dirección de un hotel y un número de habitación sobre la mesa.

—Ven, o te arrepentirás —susurra.

Cuando se va, abro el correo.

De: Christian Grey

Asunto: Cuidado...

Fecha: 1 Junio 2011 14:50

Para: Anastasia Steele

Hablo en serio. VEN.


Christian Grey
Gerente General, Grey's Multinational Corporate Enterprises Holdings, Inc., Co.

Maldita sea.

—¡Pero qué hombre más romántico! —suspira mi madre sosteniendo el papel.
—Mamá...
—Anastasia, cariño: nuestra felicidad... digo, tu felicidad está en la habitación 612 de aquel hotel. Anda, ve. Y si van a usar condón, asegúrate de perforarlo con un alfiler. Si el jodido te embaraza, estará obligado a casarse contigo.
—Jesús, mamá...
—Ve, Ana. Si no vas tú, me lo follaré yo. Y hablo en serio.
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 1:26 pm

Capítulo 49


Muerdo mi labio. Estoy de pie frente a la puerta de la habitación 612 del hotel más exclusivo de Savannah (Nota: Averiguar el nombre del hotel más exclusivo de Savannah). Desde luego que extrañé a Christian las pocas horas que estuve sin él, pero no sé qué puedo esperar de él, o qué espera de mí. ¿Soy sólo un juguete para él? ¿Su juguete favorito que no quiere compartir con nadie más? No estoy segura de que me ame. Pero me compra cosas. Maldito monstruo controlador, bastardo.


Golpeo tímidamente la puerta. Christian abre. Está en camisa, corbata y chaqueta, sin pantalones y hablando por teléfono. Me ofrece un gin tonic y acepto, aunque mi Diosa Interior ya está viendo doble a causa de los Cosmopolitans. Miro alrededor, la habitación es hermosa, como la suite del Heathman, con minibar y muebles ultramodernos.

Cuelga.

—Christian...
—¿Vienes a hablar o a follar?

Antes de poder responder, me arranca el vestido y me empuja contra un sofá. Me golpeo la parte posterior de la cabeza contra la pared.
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—Quiero ver cómo te das placer a ti misma, Anastasia.
—¿Eh?
—No me jodas. ¿Nunca te has... masturbado... en tu vida?
—No... —digo, sonrojándome.
—Oh, Anastasia, ¿qué voy a hacer contigo?

Me empuja hacia atrás y pone su rostro entre mis piernas, mientras su lengua recorre mi... ¡Ahhhhhhh! Mi Diosa Interior está haciendo el salto con pértiga.

Cuando termina, veo mi tampón colgando de su boca.

—¿Qué pasa? ¿Tengo espinaca entre los dientes?

Eso fue... dulce. Mierda, debe haber sido el mejor orgasmo de mi vida. Y sin azotes ni nada por el estilo. ¿Será que por fin mi amor por Christian ha...?

—Aún no hemos terminado —dice, mientras sujeta bolas chinas en una mano y un látigo de cuero o flogger en la otra.
—Por favor, no me pegues... —le susurro, suplicante.
—Si te dejas golpear brutalmente hoy, mañana te llevaré de paseo en aeroplano. Ahora date vuelta.

Christian nos conduce de vuelta a Seattle en su Audi. Está más callado (y hermoso) que de costumbre.

—¿Por qué viniste a Georgia, Christian? Te dije que volvería —murmuro, mirándolo ansiosamente.
—Anoche estuve cenando con una vieja amiga que me sugirió que viniera a buscarte —responde sin despegar sus ojos del camino.
—¿La señora Robinson?
—Claro. Por eso dije VIEJA amiga.
—¿Cenaste con esa vieja pederasta después de haber cenado con tu familia?
—Soy un hombre de negocios, Anastasia. Las cenas y almuerzos de negocios son mi especialidad. Sí, la señora Robinson y yo somos socios.

¿"Amigos" y encima socios? Frunzo el ceño.

—¿Por qué tú sí puedes cenar con la señora Robinson y yo ni siquiera puedo saludar a José, a Paul, a...? Bueno, esos son todos.
—Porque sólo somos amigos. El fotógrafo intentó aprovecharse de ti, ¿recuerdas?
—Sí, pero ella se aprovechó de ti...
—Tenía 15 años. A esa edad uno se mata a pajas, así que no diría que se "aprovechó" de mí.
—Pero...
—No sigas hablando del tema o te golpearé cuando lleguemos a mi apartamento.
—Me golpearás de todas maneras.
—Exacto.
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 1:34 pm

Capítulo 50

28861262_dakota_johnson.jpg
A la mañana siguiente estoy en la cocina de Christian, desayunando a regañadientes como siempre. Él me observa como un sicario que tiene su objetivo en la mira.

—Quieres azotarme otra vez —digo, mordiendo mi labio.
—Y tú te estás mordiendo el labio, o sea que lo deseas.
—Nah, estoy algo cansada. Si quieres puedes golpearme en las partes en las que mataste mis terminaciones nerviosas. Así no me dolerá.
—No lo haré. Te golpearé precisamente donde más te duele y te haré llorar sangre. Quiero hacerte daño, Anastasia. ¿Me vas a parar?
—Puedo llamar a la policía —digo, levantando el teléfono, pero él me lo quita de las manos.

Pongo mi mano en su cuerpo hercúleo.

—¿Qué estás haciendo?
—Quiero tocarte.
—¡No! Ya sabes que no me gusta.
—¿Y acaso tú piensas que me gusta ser azotada y latigueada todas las noches en vez de follar como la gente normal?
—¿De qué hablas? Pensé que te gustaba.
—No. Me siento igual que tú cuando trato de convencerte de ver Postdata: te amo en Netflix.
—Oye, oye, espera. No exageres, yo no te golpeo tan fuerte.
—¿Ah, no? Pues enséñame.
—¿Enseñarte qué?
—Enséñame lo mucho que puedes dañarme. Castígame.
—¿Qué?
—Quiero saber de una vez de qué eres capaz. Quiero saber qué esperas de mí.
—No creo que sea una buena idea.
—Hace un minuto querías hacerme llorar sangre, ¿no? Insisto.
—No, ya sabes lo que soy. Estoy jodido de la cabeza.
—No me importa. Quiero que me muestres. Tienes mi plena autorización.

Miro su hermoso rostro, Mantiene sus ojos en los míos, sin parpadear. Oh, es increíblemente guapo.

—Que conste que tengo tu total consentimiento, Anastasia.

Me lleva a otra habitación. Siento que mi Diosa Interior se quita los tacones y se pone sus Nikes para salir huyendo de mi cuerpo.

—Inclínate sobre el banco.

Obedezco. Tengo un mal presentimiento, aunque ya es tarde para arrepentirse. No, en realidad no lo es. Podría gritar "¡Rojo!" y ya, él se detendría, pero mi curiosidad hace años que venció a mi sentido común.

—Ahora, voy a golpearte 6 veces con este cinturón, y vas a contar conmigo.
—Ehh... ¿eso es todo? No sé si lo notaste, pero llevas días golpeándome.
—Sí, pero esta vez es diferente porque tendrás que contar los golpes, como el romano ese de La Pasión de Cristo.
—Oh. Bueno, dale.

Asumo posición. Pongo los ojos en blanco sabiendo que no puede verme (eso creo). Tomo aire y espero q... ¡Ahhhhhhh!

No oí venir el primer golpe.

—¡Cuenta, Anastasia!

—¡Un-no!

Me golpea de nuevo, como hombre. Como nunca se había atrevido antes. ¡Mierda, cómo duele!

—¡D-dos!

Su respiración es irregular y dura. Lo está disfrutando el muy hijo de...

—¡Ayyyyy! ¡Tres!

—¡Cuat-tro!

—¡Ci-ci-cinco!

Mi culo está en llamas.

—S-seis...

Noto que tiene una erección enorme y trata de abrazarme, pero yo no quiero nada con él.

—¡Déjame ir!
—Pero si sólo hice lo que me pediste.
—¿Esto es lo que realmente te gusta? ¿Yo, de esta manera? ¡Eres un jodido hijo de puta!
—Pues... sí. Se supone que yo soy el sádico y tú la masoquista, ¿no? Ana...
—¡No te atrevas a decirme Ana, Grey! ¡No te atrevas a decirme Ana! ¡Estás jodido de la puta cabeza y yo de mi maldito culo por tu culpa! ¡Ayyyyy!

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Me vuelves loco –susurra empujándome con la cadera una vez, dos, tres, haciendo que mi cuerpo empiece a soltar chispas a punto de arder. Y otra vez me lo niega. Le deseo tanto… Le necesito tanto… Cierro los ojos y murmuro una oración. Me siento castigada, no puedo evitarlo. Estoy indefensa y él está siendo implacable. Se me llenan los ojos de lágrimas. No sé hasta dónde va a llegar esto.
   - Por favor… -vuelvo a suplicarle en un susurro.
   Pero me mira sin ninguna piedad. Tiene intención de continuar. Pero ¿cuánto? ¿Puedo jugar a esto? No. No. No… No puedo hacerlo. No va a parar. Va a seguir torturándome. Sus manos bajan por mi cuerpo otra vez. No… Y repentinamente el dique estalla: toda la aprensión, la ansiedad y el miedo de los últimos días me embargan y otra vez se me llenan los ojos de lágrimas. Aparto la mirada de la suya. Esto no es amor. Es venganza.
   - Rojo –sollozo-. Rojo. Rojo. –Las lágrimas empiezan a correrme por la cara.
   Él se queda petrificado.
   - ¡No! –grita asombrado-. Dios mío, no…
   Se acerca rápidamente, me suelta las manos y me agarra por la cintura mientras se agacha para soltarme los tobillos. Yo entierro la cabeza entre las manos y sollozo.
   - No, no, no, Ana, por favor. No.
Corro cuan rápido el trasero me lo permite a mi habitación. Guardo mis cosas (un par de consoladores y lencería comestible) y me apresuro en huir del manicomio.

Él me persigue hasta el elevador. Entro y él se queda afuera, acercándose lentamente, observándome con sus grises ojos desorbitados.

—No puedo permitir que te vayas viva.
—No puedo quedarme. Sé lo que quiero y no puedes dármelo y yo no puedo darte... lo que sea que tú necesites. Maldito loco de mierda.

Avanza otro paso.

—¡"Rojo"! ¡Digo, alto!

No puedo permitir que me toque ahora. Me mataría, y no en sentido figurado.

Mis ojos se llenan de lágrimas. Tal vez cuando se pase la hinchazón echaré de menos los golpes de mi 50 Sombras. Pero mientras tanto no puedo ser tan estúpida. Aunque el dolor de mi corazón sea mayor que el de mis moradas nalgas, debo alejarme.

—Christian.
—Anastasia.

La puerta del elevador se cierra y me-

—¡Khaaaaaaaaaan!

28861353_50-sombras.jpg
FIN


Última edición por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 1:48 pm, editado 1 vez
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 1:38 pm

Epílogo

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