50 sombras de Grey E. L. James

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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 10:23 am

Capítulo 23
28858920_imagen-50-sombras-de-grey.jpg

Estoy impactada. Siento como si hubiese viajado en el tiempo al siglo XVI y a la Inquisición española. Nadie espera a la Inquisición española.

La habitación está muy oscura, pero aún así, por alguna extraña razón, puedo ver que es de un rojo intenso. Huele a cuero y a citrus, me imagino que es porque usa limpiapisos con aroma a naranja para trapear los fluidos corporales. En las vitrinas y en las paredes hay toda clase de látigos, fustas, porras, consoladores con clavos, matamoscas y cuanto instrumento hay para hacer pupita... Como único mobiliario hay un par de cepos medievales, una cosa para colgar con ganchos y otra cosa rara en forma de cruz o algo. ¿Será que tiene fetiches bíblicos? Ah, y también hay cuerdas, cinta adhesiva, unos overoles manchados de rojo y botes de pintura roja. Los ojos me arden al ver por fin otro color aparte del gris.

—¿Lista para complacerme?

Me acuesta en una especie de caballete que me deja inmovilizada de brazos y piernas. Estoy a la merced del inmisericorde Christian Grey.

—Ahora verás lo que es bueno, Sumisa. La palabra de seguridad es "Rojo".
—¿Palabra de seguridad, Sr. Grey?
—Cuando ya no puedas soportar el dolor, usarás la palabra de seguridad y yo me detendré. Si se me antoja.
—¿Pero no se supone que los azotes son precisamente para provocar dolor?
—Placer, Ana. Placer... para mí.

Dicho esto, me cubre los ojos con su corbata de seda gris. ¡Qué bien se siente al tacto! Aunque... me gustaba más la primera venda que usó, la de anoche. Aquella venda era de género, así que se podían ver pequeños agujeritos de luz entre las costuras que parecían burbujas, y cuando entornaba los ojos, mis pestañas parecían pequeñas arañas tratando de comérselas...

—¡Toma! ¡Toma! ¿Te gusta eso, mujer?

¿Eh?

De repente me doy cuenta de que Christian ya lleva un buen rato golpeándome. Tiene algo en la mano que no puedo ver, pero se siente como un flagelo con tiras de cuero. ¡Pero si más parece que estuviera acariciándome con un plumero!

—Ummm... Ay. Sí. Cómo duele, Sr. Grey...

Mi Diosa Interior me recrimina lo poco convincente que he estado.

—¡Si vas a ser la esclava sexual de un hombre que no te ama, al menos hazlo bien!
—Lo siento, Diosa Interior.
—No, el problema es que no lo sientes. ¡Vamos, actúa un poco más! ¡Quiero ver sufrimiento!

Frunzo el ceño y pongo los ojos en blanco.

—¡Ayy! ¡Ayyy, cuádruple mierda! ¡Uy, cómo duele, Sr. Grey! ¡Por favor pare, Sr. Grey! —grito, mientras jadeo como perro.
—¿Qué dices? Ya no te estaba azotando, fui a buscar un poco de agua.
—Este... sí, lo sé. Es que sus golpes son tan, eh, duros, que me duelen más cuando no me está castigando —miento, mordiendo mi labio.
—No te muerdas el labio aquí. Este es mi Cuarto del Dolor.
—Cuarto Rojo del Dolor —completo, sin saber por qué.
—¿"Rojo"? Está bien, suficiente castigo por hoy, Sumisa.

¿Qué?

¿Eso fue todo? ¿Y para eso tuve que leer un contrato como de 1.268 cláusulas antes de poder follar con él? Caramba, tanto músculo de modelo de Calvin Klein para terminar golpeando como un marica. Hasta me siento decepcionada por no estar chillando de dolor.

—Golpearte estuvo agotador, Anastasia. Apuesto que ahora sí que no podrás sentarte en un mes. Iré a preparar el baño y quiero que tú hagas de patito de goma porque no encuentro el mío.

Suena mi teléfono.

—¿Hola?
—¡Ana! ¿Dónde diablos estabas? ¿Por qué no me enviaste un mensaje de texto anoche?
—Lo siento, Kate. Fui sobrepasada por los acontecimientos.
—¿Estás bien?
—Sí, estoy con Christian —digo, rompiendo el acuerdo de confidencialidad y mordiendo mi labio.
—Ohhhh... ¿Entonces lo hicieron?
—Kate, no puedo hablar de...
—¡Lo hicieron! ¡Oh, por Dios!
—Kate...
—¿Fue doloroso?
—¡Kate!
—¡Uyyyyyy! ¡Apuesto que chillaste como mariachi quebrado! ¡No lo puedo creer, por fin te lo...!

Cuelgo.

¿Cómo se atreve? El que me acueste o no con un multimillonario es asunto mío. Esa perra. Seguramente estuvo toda la noche haciendo la bestia de dos espaldas con el hermano de Christian, y eso que apenas se conocen. Pero eso es típico de ella: basta con que se le cruce un tipo guapo y adinerado para que se le revolucionen las hormonas y arroje sus principios por la ventana...
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 10:37 am

Capítulo 24

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La tina es una piedra gris, profunda, de forma ovoide, muy diseñada. Nunca había visto una tina tan hermosa en mi vida. Christian se inclina y abre la llave, de la cual sale un chorro de agua que comienza a llenar la tina. Vierte un aceite de baño con aspecto caro dentro del agua de la tina. Hace espuma mientras la tina se llena de agua, huele a cloro y a dulce y sensual jazmín. Christian se pone de pie, me observa con ojos oscurecidos, como si quisiera ahogarme en la tina, desgarra su bata gris de un tirón y se introduce.

—Ven —me ordena.

Hago lo que me dice. Es una oferta que no puedo rechazar. Estoy de pie en la entrada del baño. Camino hacia delante mientras disimuladamente contemplo su físico. ¡Mierda! Él es simplemente delicioso. Mi Diosa Interior se desvanece y se desmaya en algún lugar de la parte posterior de mi cabeza. El agua está seductoramente caliente.

—Sé que ese labio es delicioso, puedo dar fe de ello, pero ¿podrías dejar de morderlo? Me hace querer follarte, por alguna extraña razón, y debes estar dolorida después de la brutal paliza que te he dado.

¡Dolorida las pelotas! ¿Acaso no entiende que es precisamente lo que quiero? Me sonrojo y muerdo mi labio aún más fuerte, hasta que...

—Tu boca está sangrando.

Me rindo. Jadeo, automáticamente liberando mi labio, y frunzo el ceño. Me inclino hacia atrás, apoyándome en su musculoso pecho, y creo sentir su creciente erección en la espalda...

—Oh, olvidaba que tenía una de estas aquí.

Lo miro, sorprendida, mientras despega de mi espalda una paleta.

—Te dije que mis gustos eran variados. Debo ser el único multimillonario del mundo que acostumbra chupar paletas en la tina.

¿Eh?

Le quita el envoltorio y la acerca muy sensualmente a mi boca.

—Quiero que te familiarices bien con estas paletas. Son de mi marca preferida. Estoy muy unido a ellas.

¡Oh, por Dios! Abro la boca sorprendida al descubrir que es de mi sabor favorito: uva.

—Quiero que la chupes por mí.

Se ve deliciosa. Me encuentro cara a cara con su sonrisa maliciosa. Está disfrutando de mi expresión de asombro. Me doy cuenta que estoy mirándolo a los ojos. Trago saliva, me sonrojo y muerdo mi labio. Él quiere que chupe su paleta. Umm... de acuerdo, aquí vamos.

Humedezco mis labios con la lengua. Deslizo la punta de la paleta suavemente hacia el interior de mi boca, entibiándola con mi jadeo. Es suave y dura, no muy pegajosa. Pongo los ojos en blanco. Mi respiración es irregular. Mis papilas explotan al asimilar el gusto artificial a uva de la paleta. Veo que Christian cierra los ojos. Está extasiado.

—Ohhh, sí, así se hace. Chupa esa paleta.

Su mirada de placer me hace chupar aún más duro. Estoy comenzando a sentir la áspera textura del chicle del centro de la paleta. Toma la paleta por el palito y la empuja hasta mi campanilla. ¡Aghhh!

¡Por Dios, me ahogo! Siento cómo la paleta baja y se queda atascada en mi garganta. ¡Mierda! ¡Me estoy poniendo del mismo color morado de la puta paleta! Christian no parece darse cuenta de ello hasta que abre los ojos.

—¡Oh, mierda!

Me toma con firmeza por detrás y me hace la maniobra de Heimlich hasta que la paleta sale eyectada por mi boca, pero al mismo tiempo dejo escapar también un sonoro pedo que resuena en las frías paredes del baño.

Nos quedamos mudos e inmóviles por largos minutos.

—Yo...
—Creo que realmente ha sido suficiente por hoy...
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 10:43 am

Capítulo 25

Me visto avergonzada y en silencio en su habitación. Christian ya está completamente vestido en su traje gris, aun antes de salir de la tina.

—Ana, si firmas ese contrato, si te entregas a mí, podré llevarte a lugares que ni siquiera sabías que existen. Como Little Rock. ¿Has estado en Little Rock?
—No, nunca —digo, sonrojándome.

Muerdo mi labio.

28859314_don-27t-bite-your-lip.jpg
—Deja de morder tu labio. Mira, ya me provocaste otra erección.

Christian Grey, el dios griego, el modelo de ropa interior, el tipo que salió en una temporada de Once Upon a Time, me desea.

—Anastasia, te deseo.

Muerdo mi labio.

—Anastasia, te lo advierto. Si vuelves a morderte el labio, tendré que castigarte.

Muerdo mi labio.

Christian finalmente se pone fuera de sí. Y se lanza sobre mí, como un tigre de Bengala. En su alocado frenesí me estrella contra la pared, golpeando mi cabeza, pero no me importa porque con un simple jadeo estamos desnudos otra vez. ¡Mierda sesquipedálica! Ata mis manos con su corbata y me toma con sus musculosos brazos, embistiendo mi cosa de abajo rítmicamente con su miembro. En eso, su segundo pene invade mi recto, perforándome el colon. ¡Pitufos en vinagre! Mi Diosa Interior está bailando la danza de los 7 velos.

De repente, oímos unas voces en el pasillo.

—Pero si está en la cama a esta hora es porque está enfermo. Christian nunca está en la cama a esta hora. De hecho, Christian NUNCA duerme. Casi parece un vampiro...
—Señora Grey, por favor.
—Taylor, he venido a ver a mi hijo.
—Pero, señora Grey, el Sr. Grey no está solo.
—Oh... bueno, mientras su amante no sea negro o puertorriqueño a mí me vale.
—No, señora Grey, es una dama.
—¡Una mujer! ¡No me lo puedo creer! ¡Y yo comprándole CDs de Kylie Minogue! Nunca pensé que viviría para ver a mi hijo con una novia.

Christian me observa con una mirada de horror, sin parpadear, como si quisiera asesinar a alguien.

—¡Mierda, es mi madre!

Me aleja de un golpe y ordena que me vista. Caigo al suelo y no logro amortiguar la caída por estar atada de manos. Noto que él ya está vestido, otra vez.

—No... puedo... moverme...

Desata la corbata y noto que el patrón del tejido ha dejado profundas marcas rojas en mis muñecas. Mis manos están moradas y adormecidas por la falta de sangre. De hecho, el maltrato me ha dejado llena de moretones y heridas abiertas. Es... sexy.

—No tengo ropa limpia. No puedo conocer a tu madre con la misma ropa llena de grasa de ferretería y fluídos corporales con la que llegué.
—Puedes usar algo mío. Vístete. Iré a calmar a mi madre y te espero en el vestíbulo en 5 minutos. Si no sales, vendré y te arrastraré yo mismo sea lo que sea que estés usando.
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Santa mierda. La madre de Christian.


Última edición por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 10:51 am, editado 1 vez
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 10:50 am

Capítulo 26


Estoy usando uno de los trajes grises de Christian Grey. Odio usar ropa interior sucia, pero no podría andar a lo gringo, así que he decidido ponerme uno de sus boxers Calvin Klein. He tenido que rellenarlos con tres pares de calcetines para que no se me cayeran.

Me meto al baño y estoy encantada de haber sobrevivido a la noche anterior. Y a esta mañana. Compruebo mi cara ruborizada en el espejo y, ceñifruncida, llego a la conclusión de que la expresión de "recién follada" no es la mejor para encarar a mi sueg... a la madre de Christian. Tengo miles de reparos y me siento nerviosa. Pero he tomado una decisión. Quizás si conozco a su madre, podré descubrir la razón por la que Christian es como es. Rarito, se entiende. Tomo aire lentamente para calmar mis jadeos de perra en celo.

Salgo al vestíbulo
28859350_maxresdefault.jpg

—Aquí está, madre. Anastasia, ella es la Dra. Grace Trevelyan-Grey, mi madre. Madre, esta es Anastasia Steele.
—Es un placer conocerla... Dra. Trevelyan-Grey.
—Oh, por favor, querida, sólo llámame Dra. Grace T. Grey —dice apenas tocando con sus dedos enguantados mi mano extendida.

Se ve bastante joven para su edad. Debe tener pocas cirugías plásticas, a juzgar por su facilidad para arquear las cejas. Me recuerda muchísimo a Marcia Gay Harden (Nota para el director de casting de la película: guiño, guiño). Está impecablemente vestida con un traje de falda color marrón con zapatos a juego. Se ve arreglada, elegante, hermosa, y yo muero un poco por dentro sabiendo que me veo tan horrible como siempre.

—Eres la primera chica que Christian me presenta. Ya habíamos empezado a pensar cosas de él, si sabes a lo que me refiero —ríe, mientras enciende un cigarrillo.

Agacho la cabeza, ruborizada, y muerdo mi labio.

—¿De... veras?

Ella no me oye pero se detiene a observarme detenidamente.

—No veo cicatrices de metanfetamina en su cara, así que no es una prostituta. Y usa muy poco maquillaje para ser una escort. ¿Es tu novia o sólo tu follamiga, querido? —interroga, fumando su cigarrillo y dándole un sorbo a su martini.

Estoy helada. Christian tampoco sabe qué decir.

Suena mi teléfono. Debe ser Kate.

Justo a tiempo.

—Disculpen.

Me escabullo a la cocina y contesto sin verificar el número.

—¡Kate! ¡Gracias a...!
—¡Señorita Ana!

Oh, mierda, es José. Suena desesperado.

—¡Señorita Ana, no cuelgues, por favor! ¡Me han secuestrado Los Zetas! ¡Me van a chingar, señorita Ana!
—Jacob... digo, José, no es buen momento ahora.
—¡No, escucha, señorita Ana, te lo ruego! ¡Me han permitido llamarte sólo porque les dije que tú conocías al Sr. Grey y, pos, que ese pinche güero podía pagar el rescate!
—Te llamaré más tarde.
—¡No, por favor! ¡Tienen un machete, señorita Ana! ¡Ave María purísima! ¡Tengo miedo, señorita Ana! ¡Por favor, no dejes que me maten!

Cuelgo.

Vuelvo al vestíbulo para oír a la Dra. Trevelyan-Grey en plena diatriba.

—...y Elliot llamó para decir que estabas aquí. No te he visto en 9 semanas y media, querido.
—¿Lo hizo? Elliot, ese chismoso hijo de p... perdón, madre.
—No, no, no, descuida. Seguramente su madre biológica era una puta adicta al crack, igual que la tuya.
—¡Madre!
—¡Ay, lo siento, querido! Humor de madre adoptiva —me dice, riéndose y tosiendo a causa del humo de su cigarrillo.

¿Christian también es adoptado? ¿Qué se creen estas personas? ¿Brangelina? ¿Los Cullen?

—En fin, tengo curiosidad por saber cómo se conocieron. Es evidente que no fue en un set porno, a pesar de tu nombre, querida —pregunta la bruja de mierda.
—Anastasia me entrevistó para el periódico de la Universidad de Washington porque estaré entregando los títulos esta semana.

Doble mierda, había olvidado la graduación.

—Bueno, querido. Pensaba invitarte a almorzar, pero veo que tienes... otros planes —dice, guiñando el ojo maliciosamente.
—Debo llevar a Anastasia a Portland.
—Claro, por supuesto, querido. Nos veremos en otra ocasión. Espero que no sea para mi funeral.

De la nada aparece Taylor.

—¿Señora Grey?
—Gracias, Taylor —dice, mientras él la escolta afuera.

En serio. ¿Acaso Taylor estuvo todo el tiempo en la habitación? ¿Y qué pasa si también anoche...?

—Entonces, ¿el fotógrafo te llamó?
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 11:01 am

Capítulo 27


Mierda. ¿Cómo lo supo? Es como si fuera un vampiro que puede leer mis pensamientos. Pongo los ojos en blanco.

—Sí...
—¿Qué quería?
—S-sólo... sólo me dijo algo de un secuestro y que lo iban a decapitar Los Petazeta, o algo así. No hablamos mucho.

Christian entrecierra los ojos y su mandíbula se marca.

Taylor reaparece de la nada, otra vez.

—Sr. Grey.
—Taylor, ¿qué te he dicho sobre interrumpirme cuando...?
—Lo siento, Sr. Grey, pero me temo que esto es urgente.
—¡Sea lo que sea, no me interesa!
—Pero, Sr. Grey, hay un problema con el envío a Djibouti.
—¿Por qué no lo dijiste antes? ¡Mierda!

Toma su BlackBerry gris y marca un número sin tocar la pantalla.

—Ross, ¿qué pasa?

Mientras escucha, sus ojos grises se clavan en los míos, como si quisiera hacer explotar mi cabeza con su mente. Frunzo el ceño.

Cuelga. Parece distraído.

—¿Ocurre algo? —pregunto.
—No es de tu incumbencia, pero unos piratas somalíes han secuestrado al capitán del barco que llevaba a Djibouti la cura contra el SIDA que inventó mi madre. Tom Hanks.
—¿Tom Hanks, el actor? ¿Él es la cura contra el SIDA? —digo, sorprendida, al recordar que de hecho Tom Hanks había muerto de SIDA en aquella película vieja con ese actor negro... ¿cómo se llama? ¿Denzel Lincoln?
—No. Es que tengo tanto dinero que contraté a Tom Hanks como capitán de mi flota mercante privada. Pero para que nadie lo reconozca, lleva una barba y se hace llamar Richard Phillips.

Vaya, es la primera vez que lo veo hacer algo vagamente relacionado con su trabajo en días.

Me extiende un sobre.

—Este es el contrato. Léelo de nuevo. Investiga al respecto para que estés al tanto de lo que está en juego.
—¿Investigar? Pensé que ya habíamos pasado por esto.
—¡Hazlo, maldita sea! Eso, claro, si estás de acuerdo y es tu voluntad hacerlo. Pero hazlo.
—Está bien.
—Ahora, volveremos a Portland.
—¿Pero no tienes... trabajo que atender?
—No. Mi único trabajo es contestar llamadas y usar traje. La mayoría del tiempo me la paso azotando mujeres o tocando el piano desnudo.
28859418_playingpiano2.jpg

No hay duda que he sucumbido a los encantos del Sr. Grey. Más bien, a sus retocidos hábitos sexuales. O puede que así sea el sexo normalmente, no lo sé. Jamás he visto una película pornográfica en mi vida. Frunzo el ceño. No tengo ninguna comparación y no estoy segura si puedo preguntarle a Kate o a mi Diosa Interior al respecto. Esto es algo que sólo debo tratar con Christian. Pero, ¿cómo puedo hablar con naturalidad con él, como toda pareja normal, si es tan distante conmigo? Quizás me termine acostumbrando a los golpes, quién sabe. Muerdo mi labio.

—Deja de morderte el labio o te follaré en el ascensor y no me importa si justo entra Taylor con Bree Olsen y Jenna Jameson y los cinco nos montamos una orgía con consoladores de goma y un doble cumshot facial simultáneo.

Me sonrojo.

—Christian, tengo un problema.
—¿Eres alérgica a los consoladores de goma?
—No. Bueno, no lo sé. Es que...
—Escúpelo.

Escupo un vello púbico que espero sea de Christian.

Tomo aire y lo digo:

—Tengo que hablar con Kate. Tengo muchas preguntas sobre sexo y ella es la persona más... calificada que conozco para hablar sobre el tema. Simplemente no tengo más términos de referencia. No puedo hablar de estas cosas contigo y mucho menos consultar en Yahoo! Respuestas. La última vez pasé tres semanas creyendo que me había embarazado del gato de mi mamá por acariciarlo demasiado.
—Habla con ella si crees que es lo más adecuado. Pero asegúrate de que no le mencione nada a Elliot —dice, con tono exasperado.

Me enfada la insinuación. Kate es una chismosa, sí, pero jamás le andaría revelando a todo el mundo los secretos y extraños gustos sexuales de uno de los hombres más ricos, poderosos, respetados y enigmáticos del planeta.

—Kate no haría eso. Y yo tampoco te comentaría a ti sobre las parafilias de Elliot, si ella fuera a contarme alguna.
—¿Y crees que me interesa la vida sexual de mi hermano? ¿Acaso soy un pervertido? ¿O un obseso del control que se mete en la vida de otras personas?
—Pues...
—Elliot es un bastardo entrometido. Y tu amiga me arrancaría las bolas si supiera lo que hago contigo. Habla con ella, pero no le des detalles. ¿Entendido?
—Entendido —acepto con facilidad.

La idea de Kate con las bolas de Christian es algo en lo que no quiero pensar.
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 11:13 am

capítulo 28


Bajamos por el elevador hasta llegar a un colosal estacionamiento subterráneo. ¡Santa mierda! Hay literalmente cientos, quizás miles, de automóviles. Todos muy caros y elegantes, por supuesto. Puedo distinguir unos cuantos Volvos, Porsches, Ferraris, Mercedes y BMWs, pero la mayoría parecen sacados de una película de ciencia ficción.

—¿Qué automóvil es ese? —pregunto, frunciendo el ceño y señalando un extraño coche gris oscuro que más parece un tanque estilizado.
—Es un modelo personalizado diseñado especialmente para mí por mis socios de Wayne Enterprises. Sólo existen dos de estos en el mundo.

Pongo los ojos en blanco y trato de reprimir una sonrisa mordiendo mi labio. Parece un niño mostrándome su colección de juguetes no sexuales.

—¿Qué automóvil se va a llevar, Sr. Grey? ¿El Greymóvil? —pregunta Taylor.
—¿A plena luz del día, Taylor? Creo que necesitaremos algo más discreto.
—El R8 entonces, mucho más discreto.

Nos subimos al Audi R8 Spyder. Christian reproduce un CD de Bruce Springsteen que en realidad es un loop de "I'm on Fire" y "Born in the USA" (N. de la R: Lo siento, son las únicas canciones suyas que conozco). Partimos a toda velocidad de vuelta a Portland. Christian parece estar absorto en sus pensamientos, pero lleva puestas sus Ray-Bans, así que no puedo leer lo que está pensando.

—¿Tienes hambre?
—No realmente.
—Tienes que comer, Anastasia. Pararemos en el primer restaurante que tenga un letrero de "No se admite gente de color".

El restaurante es pequeño e íntimo. Una cabaña de madera en medio del bosque. La decoración es rústica: floreros con flores silvestres, mesas con manteles de cuadritos y retratos de hombres disfrazados de fantasmas en las paredes.

—Deja de morderte el labio o te violaré aquí mismo —gruñe.

Bajo la mirada.

—Nunca antes había perdido la virginidad en mi vida.

Su dura inexpresividad de torturador de la Gestapo se suaviza un poco al oír esto.

—Pues este también ha sido un fin de semana de novedades para mí, Anastasia. Nunca había dormido con nadie, nunca había tenido sexo vainilla, nunca había volado con alguien en el Charlie Tango, nunca le había presentado una mujer a mi madre, nunca había llamado a una chica por su nombre, nunca había compartido una paleta en la tina... Oh, Anastasia, ¿qué voy a hacer contigo?

Me ruborizo.

—¿Qué es el "sexo vainilla"?
—Sexo normal. Sin juguetes, ni azotes, ni coprofagia. Sólo sexo sencillo, ya sabes. Penetración, caricias, abrazos, contacto visual, palabras dulces... ¡puaj!
—Oh.

Pensaba que el sexo que tuvimos fue más bien un brownie con cobertura de chocolate y una cereza, pero qué se yo de metáforas.

La camarera nos trae sopa de ortiga y dos copas de Pinot Grigio. Yo quería una Coca-Cola dietética, pero Christian insistió en alcoholizarme a esta hora. Noto que la camarera se sonroja y que sus pezones se ponen duros debajo de la blusa al ver el hermoso rostro de Christian. Después se va corriendo al baño.

—Come.

Pruebo tentativamente. Está delicioso. Sabe a ortiga.

—¿Por qué nunca habías tenido sexo vainilla antes? ¿Siempre has hecho... eso que tú haces?

Frunce el ceño por un momento y parece estar involucrado en algún tipo de lucha interna. Casi parece estar a punto de saltar sobre mí y romperme el cuello. Luego, asiente lentamente.

—Sí. Una de las amigas de mi madre me sedujo cuando tenía 15 años.
—Oh.

Mierda. ¿Lo "sedujo"? ¿No querrá decir: Una vieja degenerada me violó a los 15?

—Tenía gustos particulares. Fui su sumiso durante seis años.
—Oh.

Mi cerebro se ha congelado hasta la inactividad por esta información. Pero quiero saber más.

—¿Qué edad tenía ella?
—Era toda una MILF.
—Oh.
—Podría decirse que fue mi "señora Robinson".

¿Eh?

—¿"Señora Robinson"?
—Ya sabes: "Señora Robinson, ¿está tratando de seducirme?"
—Yo...
—¿Qué? ¿Nunca viste El graduado? ¿Anne Bancroft, Dustin Hoffman? ¿Al menos conoces la canción de Simon & Garfunkel?
—¿Quién?
—Al diablo. Termina tu sopa.
—¿Aún la sigues viendo? Si es que aún sigue viva, claro.
—Sí.
—Oh. ¿Y ustedes... todavía...?
—No. Ahora parece la abuela de Tutankamón, pero si algo aprendí con ella, es que si alguien te mete un consolador de 30 centímetros por el culo, sabes que esa persona será tu amiga para toda la vida.
—Oh. ¿Lo sabe tu madre?

Me da una mirada de "no seas estúpida".

—Oh.

Decido terminar mi sopa en silencio.
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 11:16 am

Capítulo 29


Otra camarera, también ruborizada al ver a Christian, nos trae un plato de carne de venado. Después se retira igualmente al baño con un pepino en la mano.

—Come, Anastasia.
—En realidad no tengo hambre.
—Come —me ordena susurrando en voz baja, muy baja.

Frunzo el ceño y empiezo a comer.

—¿Así será nuestra... eh... "relación", si firmo el contrato? ¿Tú, ordenándome? —murmuro.
—Sí —susurra.
—Ya veo —murmuro.
—Y te gustará —susurra.

Pero claro. ¿A qué mujer no le gusta ser golpeada y sometida por un hombre?

—Anastasia, tienes que seguir tus instintos. En el fondo, tu sueño es ser mi sumisa, pero te estoy dando la oportunidad única de tomar una decisión por tu cuenta antes de firmar el contrato que arruinará tu vida. Haz la investigación, lee el contrato y discutiremos cualquier aspecto que no te guste. Estaré en Portland hasta el viernes. Llámame. Cenaremos el miércoles. Realmente quiero que esto funcione, y golpearte mucho.

¿Por qué yo? ¿Por qué no contrata una prostituta, o a alguna lectora de este libro? O mejor, a una de sus 15 sumisas anteriores... ¡Oh, no! ¿Eso seré yo para él? ¿Un simple número? ¿La 16 de 15?

—¿Qué pasó con las otras 15 chicas?
—¿Has oído hablar del asesino de Green River? Bueno, ese no fui yo porque en ese entonces era muy pequeño, pero se entiende la idea, ¿no? Cuando te dije que no me gustaba la necrofilia, hablaba en serio. Por eso estoy en busca de una nueva sumisa. Tú.

Mierda.

Bajo mi cuchillo y tenedor. No puedo comer más. Mi estómago está agitándose con toda esta nueva información y estoy mareada por el vino.

—¿Eso es todo? ¿Es todo lo que vas a comer?

Asiento con la cabeza mientras mastico mi último bocado. Él frunce el ceño y le hace gestos a la única camarera que no se está dedeando en el baño, aún.

—Señorita, empaque las sobras de ella para llevar.

Lo que al principio sería un suspiro de alivio se convierte en un eructo de frustración. ¿Cuál es su manía por obligarme a comer? Sólo porque él come como caballo no significa que todos seamos como él. Debe hacer ejercicio para mantenerse en tan buena forma. Mmmm... La imagen es distractora. Me sonrojo y muerdo mi labio.

—Estás pensando en mi cuerpo, ¿no? Claro, en qué si no.

Puede leer mi mente.

El resto del viaje hacia Portland transcurre en silencio. Llegamos a mi apartamento a las 5 de la tarde. Las luces están encendidas, por lo que presumo que Kate está empacando para mudarnos a Seattle, o se está follando a Elliot. O ambas cosas.

—¿Quieres entrar? —le pregunto a Christian. No quiero que se vaya aún.
—No. De repente recordé que soy el CEO de una importante empresa multinacional, así que se supone que tengo trabajo que hacer. Te recogeré el miércoles en tu trabajo, o donde sea que te encuentre. ¿De acuerdo? Y gracias por este fin de semana, Anastasia. Nunca me había divertido tanto sin pagar.

Sin esperar mi respuesta, cierra la puerta del auto en mi cara y acelera.
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Re: 50 sombras de Grey E. L. James

Mensaje por gocuzero el Jue Jul 30, 2015 11:29 am

Capítulo 30


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Me dirijo al apartamento temiendo encontrarme con Kate. ¿Cómo podría explicarle lo del contrato? He firmado un documento legal que me prohíbe hablar al respecto. Y con lo tenaz, persistente y francamente tocapelotas que es Kate, no es una mezcla saludable.
Entonces recuerdo que, además del traje de negocios gris de Christian, estoy llevando puesta su ropa interior. Mi humor cambia rápidamente y mi Diosa Interior está encantada.


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Creo que es un buen momento para de hablar de mi Diosa Interior. No tiene nada que ver con la Wicca y esas mierdas. Es simplemente una voz interior que puede ser mi vagi... uhh... mi... "cosa de abajo", o bien puede ser mi conciencia subconsciente. No sé bien lo que es, pero me habla y yo le hablo de vuelta. Es mi mejor amiga después de Kate (quien es mi única amiga).

Kate está en la sala empacando sus libros. Tiene la ropa desordenada, el cabello despeinado y un chupetón en el cuello. Parece que Elliot no se fue hace mucho.

Apenas me ve, me toma de los hombros y me sacude. Sin siquiera decir "hola", comienza el interrogatorio:

—¡Ana! Maldición, tienes que contármelo TODO. ¿Dónde está Christian? ¿Cómo estás? ¿Estás bien? ¿Usaron condón? ¿Te duele algo abajo? ¿La tiene grande?

Me ruborizo y no se me ocurre qué decir.

—¡Vamos, di algo!
—¿Por qué casi todas nuestras conversaciones giran en torno a Christian Grey? —pregunto, intentando evadir el tema.
—Porque no todos los días tu mejor amiga se tira a un millonario joven y guapo.
—Tú te estás tirando a Elliot. Él también es un Grey.
—Sí, pero él es el premio de consuelo, ¿entiendes? Tú pescaste al pez gordo, Ana.
—Kate... pero pensé que ya no te agradaba el control que Christian ejerce sobre mí. ¿Por qué ahora estás tan interes...?
—Ana, ¿realmente esperas una caracterización consistente? Soy un personaje secundario en un fanfic de Crepúsculo, por el amor de Dios. ¡Ahora escupe!

Me empuja al sofá y se dispone a escucharme con una sonrisa muy maliciosa.

—Estuvo... bien, para ser la primera vez —respondo con modestia. Me ruborizo y muerdo mi labio.
—¿Tú crees?
—Supongo. No sé con qué lo podría comparar.
—¿Te hizo acabar? —pregunta, poniendo cara de maniática.
—Unas... 25 veces, creo.
—¿¡QUÉ!? ¡Ese hijo de puta realmente sabe lo que hace!

Oh, Kate, no tienes ni idea.

Mi Diosa Interior está sentada en la posición del loto pareciendo serena, pero con una sonrisa felina de autosatisfacción.

—Mi primera vez fue horrible —dice Kate con una envidia mal disimulada.
—¿Sí?
—Sí. De hecho me tomó un año llegar al orgasmo por primera vez, y eso que a los 8 años tenía la vagina más estrecha que la mente de un evangélico.

Mierda. ¿8 años? ¿Cuál es el problema con la gente que conozco?

—Ana, ¿por qué estás usando la ropa de Christian? ¡Oh, Dios mío! ¡No me digas que el Sr. Grey tiene fantasías perversas con otros ejecutivos! Aunque... mmm... eso sería sexy.

Me sonrojo.

—¿Qué es eso? —pregunto, señalando unos sobres encima de la mesa del comedor. Muerdo mi labio.
—Ah, eso. Te llegaron un par de cartas de las dos editoriales a las que postulaste para hacer tu práctica profesional... esto ya parece la Dimensión Desconocida.
—Oh.
—Ana, hay algo que no me estás diciendo. Puedo sentirlo.

Me sonrojo.

Suena mi teléfono y otra vez me libro de dar explicaciones.

—¿Hola?
—¿Señorita Anestesia Stalin? Soy el agente Edgar Cullen del departamento de policía de El Paso. Necesitamos que identifique los posibles restos del señor José Luis Rodríguez Jr.
—Lo siento, número equivocado.

Cuelgo y, justo cuando intento escabullirme del resto del interrogatorio, Kate me ataja del brazo.

—Momento... ¿Qué es eso que llevas en la mano?
—Es una MacBook Pro®. Regalo de Christian. La necesito para investigar sobre algo que se suponía que no debería estar contándote.
—¡Idiota! —me grita mi Diosa Interior.

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